“Los políticos necesitan asesores de tecnología a los que les interese la política”

Escribí Guerras de internet con una intención política. En general, porque la información (el buen periodismo) permite decidir y decidir es hacer política. Y en particular, entre otras cosas, para dar cuenta de que existen muchísimas decisiones trascendentes sobre tecnología que se toman diariamente y afectan nuestras vidas. Y que, paradójicamente, gran parte de ellas no las toman “del todo” los políticos.

Las empresas que venden tecnología siempre están golpeando los despachos o pidiendo citas con funcionarios, legisladores y todo tipo de decisores políticos/policymakers. Lo estarán, siempre, porque es parte de su trabajo: hacer que los Estados (nacionales, provinciales, municipales) adopten sus tecnologías. Si es rápido y sin evaluar si realmente las necesitan, o compararlas con otras opciones, mejor. Porque lo que les importa es vender: hoy lo nuevo, mañana lo más nuevo, la actualización, como a nosotros nos venden el nuevo celular tres veces por año porque sino no estamos in.

Algunos políticos o funcionarios a veces adoptan las tecnologías porque no tienen información. Porque no están exentos del poder mágico que les impone la tecnología. Por sus cantos de sirenas, como dice la mitología. Por “el mal de ojo”, ese gualicho que tiene la técnica para plantarse sobre nuestra mirada y dejarnos ciegos ante el resto del mundo, como dice Christian Ferrer. Otras, porque deciden usar la tecnología para sacarse problemas de encima, o para ganar tiempo con la tecnología ante respuestas que requerirían más análisis, debate o complejidad de opciones (pensemos en las cámaras de seguridad -tema al que le dedico un capítulo en Guerras de internet- o en el voto electrónico).

Pero otras veces no eligen bien, o eligen mal, porque no tienen asesores de tecnología lo suficientemente formados o informados para guiarlos. No siempre son imbéciles o corruptos. Faltan asesores para los temas de la era digital. De la misma forma que no le pedimos previamente a los políticos que sepan sobre hidrocarburos para votar sobre YPF o sobre salud reproductiva para votar una ley de fertilización asistida, no les podemos pedir que sepan previamente sobre las opciones de innovaciones tecnológicas que además cambian a pasos acelerados.

Pero, y tal vez igual de importante, faltan asesores a los que les interese la política, su juego, sus negociaciones. Que no la consideren una herramienta sucia. Que construyan con la política en conjunto y no que salgan y entren de ella para decir qué está bien y qué está mal y después vuelvan a su casa. Porque decidir sobre la adopción de tecnologías la mayoría de las veces es decidir entre opciones “menos malas”. Todas las tecnologías hacen el bien y el mal. No son neutrales.

Algo así dije en la entrevista en Conversaciones de La Nación, y ese es el debate que más me interesa dar. Porque es urgente empezar a construir. Y fundamental para el futuro.

“Los políticos necesitan más asesores en tecnología. No necesariamente tienen que saber, porque lo técnico es complejo. Pero las decisiones técnicas incluyen decisiones ideológicas. Entonces es muy importante que los políticos estén más asesorados. Y por asesores a los que les interese la política, que no consideren que la política es simplemente corrupción y decisiones mal tomadas. Porque sino las decisiones tecnológicas, de adopción de tecnologías, de cuánto se va a invertir en tecnología o qué leyes vamos a adoptar para distintos temas -como los que tienen que ver con la libertad de expresión- por un lado van a ser tomadas por las empresas que venden las tecnologías, o la opción va a ser no debatir nada: comprar soluciones tecnológicas cerradas y nunca preguntarnos qué hacen esos aparatos. Entonces es importante que los asesores tengan una visión política sobre el tema, porque las tecnologías, como dice Melvin Kranzberg, no son ni buenas ni malas, pero tampoco son neutrales.”

Pueden ver aquí la entrevista completa, a cargo de José Crettaz:

Natalia Zuazo en Conversaciones de La Nación